pues sí, las apariencias engañan. El trajeado del principio,al que nunca le falta un céntimo, no tenía dinero para pagar el café. La tranquila y generosa anciana había robado mucho dinero. El pobre sin techo, que recogía los desechos de otros, era tan generoso como para dar el poco dinero que tenía a un desconocido que no había sido nada educado con él, lo había tratado no como a una persona, sino como a un desecho.
pues sí, las apariencias engañan. El trajeado del principio,al que nunca le falta un céntimo, no tenía dinero para pagar el café. La tranquila y generosa anciana había robado mucho dinero. El pobre sin techo, que recogía los desechos de otros, era tan generoso como para dar el poco dinero que tenía a un desconocido que no había sido nada educado con él, lo había tratado no como a una persona, sino como a un desecho.
ResponderEliminarTiene razón el cortometraje ya que no hay que juzgar a una persona por su aspecto sin haberla conocido antes.
ResponderEliminar